El jueves vi la obra de teatro 2666, basada en el libro póstumo del escritor chileno Roberto Bolaño y debo decir que me superó. Quizás fue el hecho que he dormido poco, que sólo comí arroz con bistec y tomate en todo ese día (el bendito almuerzo), que cambié los lentes y quedaron malos (es difícil concentrarse cuando un ojo no logra enfocar bien) o que, básicamente, la obra de teatro era demasiado larga (300 minutos aproximadamente)… De igual modo quiero comentarla y dicho comentario se los dejo a continuación.
La Obra y Su Estructura
La hora a la cual se supone comenzaba la obra era a las 19, pero debido a “problemas técnicos”, la función no comenzó hasta por lo menos las 19:45 (quizás ya eran las 20 horas, no miré el reloj) y por lo tanto la obra terminó pasadas las 1 de la mañana. Durante el transcurso de la función existieron 4 intermedios (que juntos sumaban como 1 hora) en los cuales mientras la gente se despejaba un poco (hubo hasta un cóctel para los espectadores) se cambiaba la escenografía y los actores preparaban su vestuario.
Los intermedios dividían la obra en cinco partes, cada una diferente a la otra (personajes, locación, temática), pero que se conectaban de una manera u otra. En la primera parte conocemos a Benno von Archimboldi, escritor alemán, por medio de 4 estudiosos de su obra. De la segunda parte casi no les puedo hablar pues me acuerdo de las imágenes, pero no de la trama (ése fue mi momento de desconcentración máxima). La tercera parte es de un periodista que va a cubrir una pelea de box en Santa Teresa (México) y se entera de diversos asesinatos que se han producido en la región. La cuarta parte cubre los asesinatos en sí mismos mientras que en la quinta conocemos realmente quién es von Archimboldi.
La Obra y el Recinto
El lugar donde se realizó la presentación corresponde a la sala ubicada en el Centro Cultural Matucana 100. Personalmente no me gustó mucho la sala, pues es demasiado grande: se pierde la intimidad que por lo menos hasta ese momento siempre había experimentado cuando había asistido a alguna obra de teatro (las cuales no son muchas en todo caso). Los actores utilizaban micrófonos para poder llegar a toda la gente, lo cual quitaba esa dinámica de escuchar a quien habla y mirarle. Me refiero a que uno escuchaba por los parlantes las voces y tenía que mirar a todos los actores para darse cuenta quién estaba hablando… En todo caso, habían partes en que el micrófono se justificaba, pero en ellas usaban unos de esos de pedestal, inalámbricos.
Otra cosa es que la sala estaba bien calurosa. Si no hubiese sido por los intermedios, nos hubiésemos cocinado ahí dentro.
La Obra y el Público
La obra no es gentil con el espectador. Digo, posee escenas bastante fuertes que buscan provocar al público. El ejemplo más claro se da en la cuarta parte, que es la más cruda. En ella durante extensos minutos podemos observar a una mujer revolcándose en el piso gimiendo, gritando, pidiendo ayuda, víctima de uno de los tantos crímenes/asesinatos de los cuales habla el libro. En este punto la actriz utilizaba uno de los micrófonos mencionados en el apartado anterior, cosa que se justificaba totalmente, pues los gritos se hacían más desgarradores y la escena por tanto más impactante. No creo poder describir esto de mejor manera: hay que estar ahí.
No bien la obra no sea gentil no significa que al público no le guste o que no valore la gran puesta en escena: el aplauso al finalizar la presentación fue cerrado y muchos se pusieron de pie. Mención aparte tiene la euforia que desató una imagen de Bolaño proyectada en el telón: aplauso total.
Ah, igual no crean que van a ir a puro sufrir si ven la obra: en muchas oportunidades también reirán (el título del post hace alusión a ello, aunque tiene más gracia escuchar la frase que leerla). Como la vida misma.


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