22
Dic
09

Esos segundos…

Hecho Polvo

cómo quedo
cuando me cruzo con una mujer que no
veré nunca más en la vida y con la que me
habría gustado pasar toda la vida.

Claudio Bertoni
Jóvenes buenas mozas
Editorial Cuarto Propio, 2002, p. 31

Caminaba a lo lejos hacia mí y yo hacia su persona. No tengo muy buena vista, pero algo en ella me llamó la atención. Quizás fue la forma como se movía, su actitud, su presencia… o quizás las 3… Probablemente más que esas 3.

Pensé, estúpidamente, en qué tan bonita sería. No evoqué ninguna imagen a mi mente pues la miraba detenidamente a los ojos y eso copaba mi razón. O al menos imaginaba que llegaba a sus ojos. Aun se encontraba lejos.

Un hombre se interponía en nuestras trayectorias. Caminaba ensimismado, con la cabeza gacha, abstraído en su mundo. Yo hacía lo propio, pero con la frente en alto y abstraído en un mundo que no me pertenecía.

El hombre pasó rápidamente por mi lado mientras yo continuaba acercándome a ella. Visto desde fuera, no había nada de especial en la situación. Éramos dos personas que caminábamos por la calle en la misma dirección, pero en sentidos opuestos, agradablemente destinados a un encuentro. Un encuentro casual como muchos; innumerables casos que no pueden ser cuantificados  porque nadie se daría el trabajo de hacerlo… carecen de interés. ¿Qué importancia hay en el encuentro de dos personas que no se conocen, que posiblemente no se dirigirán palabra alguna y que seguramente nunca más se volverán a ver? Encuentros fortuitos, caminos que se mezclan, pero no interceptan.

Estábamos cerca. No la conocía ni ella a mí. Ya dejaba de adivinar sus facciones y formas pues comenzaba a distinguirlas: menudita, delgada, de aspecto juguetón. Su pelo ondulado, que se extendía hasta unos hombros desnudos, bailaba a merced del caprichoso viento. Su tez blanca y perfecta piel era iluminada por el Sol de las 6 de la tarde a través de los frondosos árboles que pueblan la vía, pero sin que rayo alguno la tocara directamente a causa de los entrometidos edificios.

Me hubiese gustado ver el Sol de media tarde en sus ojos.

Pensaba en lo ridículo de la situación: hace tan solo unos segundos que la conocía y ya me tenía cautivado. Reparaba en lo pobre de mi aspecto, en mi descuidada presentación, en la desigualdad existente entre lo que mis ojos veían en su persona y lo que ella percibía en la mía.

Años caminando por el mismo lugar y nunca nos habíamos encontrado.

Ahí estaba ya, casi frente a mí. Arrastré mis pasos más de la cuenta para intentar poseer el tiempo, extender el momento como si tal acto fuese posible para alguien que no tiene el carácter suficiente de intervenir en su propia vida.

Ella me regala una mirada y juega coquetamente con su pelo. Cuando nota que la observo fijamente a los ojos retira tímidamente los suyos de los míos esbozando una sonrisa. Sabe que me tiene, que está en control de la situación; yo me dejo llevar.

Ya está, el tiempo se va. Su femenina y delicada figura, su grácil presencia y ligeros pasos están justo a mi lado. No se detienen ni lo hacen los míos… Mi única reacción y la más sincera es sonreírle, pero el momento ya había pasado. Dudo que haya notado mi gesto. Un segundo antes y hubiese sido distinto… un maldito segundo antes y hubiese sido distinto. Quizás no mucho. Quizás bastante. Imagino.

Ahora sí detengo mi marcha absorto frente a la situación. Giro. Veo cómo se aleja con los mismos movimientos, actitud y presencia inicial… y con mucho más que eso.


3 Responses to “Esos segundos…”


  1. diciembre 23, 2009 a las 16:41

    Mejor quedarse con lo que sí fue, es mejor, sobre todo pensando que no fue poco…

    Esos son los pequeños grandes momentos que le otorgan luz y brillo a nuestra existencia en esta vida, me acuerdo de mis propios segundos, aún guardo uno como si de un tesoro se tratara y de cierta manera de eso se trata…

    Hay cosas que nos suceden en un instante pero no se borran más de uno.

    Uff me gustaría decir mil cosas pero no se me da de manera fácil la elocuencia, sólo me queda decirte que me alegro que hayas vivido esos segundos y que hayas sentido todo lo que sentiste, y darte las gracias por traer a mi memoria mis propios momentos.

  2. diciembre 25, 2009 a las 22:18

    Muchas veces preferiría lamentarme de los errores cometidos más que de las omisiones…

    Bueno, yo te agradezco a ti por pasar por aquí y darte además el tiempo de comentar.

    Saludos.

  3. diciembre 29, 2009 a las 0:51

    me lo pierde siempre


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