09
Ene
10

Discos de 2009

Cada día que pasa esto tiene menos sentido, así que mejor me apuro. Ahora bien, ¿por qué no publiqué nada antes? Porque el año recién pasado no escuché tanta música nueva como en los anteriores, así que me parecía que no valía mucho la pena escribir al respecto. Luego recapacité y el hecho que haya escuchado pocos discos no le resta mérito a recomendar los que me parecieron buenos dentro de esos pocos y quejarme de los que no cumplieron mis expectativas. Así que aquí van.

En un año que tuvo reediciones importantes (como Ten de Pearl Jam) y otras menos publicitadas (como el homónimo de Slipknot), que tuvo proyectos paralelos de viejos conocidos (como Street Sweeper Social Club de Tom Morello y Them Crooked Vultures de Dave Grohl, Josh Homme y John Paul Jones), además de compilaciones (como Monuments and Melodies de Incubus y Greatest Hits de Foo Fighters), la verdad siento que no es mucho lo que se alza como “imprescindible”… pero afortunadamente algo hay.

A Dream Theater no le compro su pose para Roadrunner Records de modo que no escuché Black Clouds & Silver Linings, a Muse los dejé de seguir desde que mi hermana menor se empecinó en escucharlos todo el día (me tiene chato), así que ni idea si The Resistance es un buen álbum, a The Flaming Lips no le he escuchado nada suficientemente bueno desde Yoshimi Battles the Pink Robots y ahora, con Embryonic (y el horrible tema que es Watching the Planets), menos ganas me dieron de seguirles la pista, mientras que a Megadeth nunca le he puesto suficiente atención por lo que Endgame no hace más que engrosar junto a los otros álbumes ya mencionados la lista de registros que a pesar de ser aclamados por la crítica lamentablemente no me hacen creer que me perdí de algo por obviarlos. Ahora bien, con respecto a Animal Collective y su Merriweather Post Pavilion, disco que hizo babear a toda la fanaticada indie y a mucha gente más, la verdad es que tuve hartas ganas de darle una oportunidad, pero no lo logré hacer (sólo llegué a escuchar un single que era bien interesante). Creo que ahí me puedo haber perdido algo, al igual que con la última entrega de Jarvis Cocker, Further Complications. Jarvis siempre se las arregla para hacer buena música (antes con Pulp y ahora de solista), así que le tengo fe a ese álbum. El tema que le da el nombre al disco ya motiva lo suficiente como para indagar más.

Con respecto a los álbumes que sí escuché, pero no calificaron a mi gusto (asumo que fue debido a que lo hice en un mal momento y no les presté suficiente atención), Them Crooked Vultures con su disco homónimo, Sonic Youth con The Eternal y Porcupine Tree con The Incident no lograron llenarme del todo. No quiero ser lapidario porque dentro de esos discos hay varias cosas interesantes (como New Fang en el primero, Antenna en el segundo y Time Flies en el tercero por ejemplo) y darle vueltas a la música puede hacer cambiar radicalmente las percepciones que uno tiene con respecto a ella. Y eso me gusta, el dinamismo involucrado. Quizás en algún tiempo más les hable de lo buenos/malos que resultaron ser dichas grabaciones… de momento solo puedo decir que no me gustaron mucho.

También hubo discos que me hicieron decir algo como “mira tú, está bien igual”. World Painted Blood de Slayer y Carboniferous de Zu son algunos de ellos. El primero, siempre bien al chancho como es la banda de Tom Araya (que te mejores) tiene un sonido que es distinto a sus trabajos anteriores el cual de alguna manera produjo cierto rechazo en los fans más obtusos. Como yo no soy uno de ellos (ni siquiera me considero “fan” de la banda), disfruté sin culpas de una inyección de trash metal a la vena, una que hace bien de vez en cuando.

Slayer – Public Display of Dismemberment

Por su parte, Carboniferous lo escuché más que nada por la relación que tiene dicha banda con Mike Patton y porque bueno, los iba a ver en vivo (gracias a un concurso) y quería saber qué era lo que se traían entre manos. No destiñeron para nada. Carboniferous presenta una propuesta musical muy cerrada, que deja poco espacio a la indiferencia y que tiene cosas muy atractivas para algunos y que espantan a muchos otros: una mezcla de algo que parece jazz (pero no lo es) con electrónica, ruido, disonancias, ritmos atípicos con percusiones que a momentos parecen tribales, etcétera. El hecho que sean italianos, tener un saxofonista entre sus filas y ninguna guitarra ya los hace diferentes en el circuito. Recomendado sólo para iniciados.

Zu – Soulympics (con Mike Patton en la voz)

Pero les dije que sí hubo discos realmente buenos el año pasado. Entre ellos, uno que me gustó bastante fue Octahedron de The Mars Volta. Aquí hay algo interesante por el hecho que los Volta dieron un giro casi en 180º en su música, bajando las revoluciones de manera evidente y dejando de lado las estridencias, malabares y gritos, tan característicos de su discografía. The Mars Volta, a juicio personal, es una de las mejores bandas que ha visto el nuevo milenio y parte de ese “fanatismo” que profeso por su propuesta es debido a que se reinventan en cada entrega: no hay un disco igual al otro y sin embargo, tienen un sonido característico. Hubo mucho fan, de nuevo obtuso, que vomitó sobre el giro “acústico” que el grupo de Bixler-Zavala y Rodríguez-López imprimió en sus composiciones… yo no iría tan allá. Puedo estar de acuerdo con el hecho que no es su entrega más destacada, pero qué bien que le hace a la música el buscar nuevas formas, vías y maneras, intentar innovar en el poco espacio que queda para ello.

The Mars Volta – Desperate Graves

Otro de los discos que me gustó y recomendaría fue Backspacer de Pearl Jam. No puedo hablar con propiedad porque nunca fui seguidor del grunge y soy más bien ajeno a la corriente (si no salió por la radio probablemente no lo conozca), así que sin ese bagaje el paseo que me di por el nuevo disco de Pearl Jam lo asumí como anecdótico, para saber en qué andaban. La sopresa fue agradable, pero no inmediata. Valoro personalmente lo corto del álbum (no alcanza los 37 minutos) pues casi no deja tiempo a los pasos en falso. Otra cosa que destaco es su cohesión, salvo por lo que ocurre con Just Breath y The End, canciones que se encuentran fuera del ánimo general de un disco que es muy movido y de harta guitarra. Personalmente la primera vez que escuché el álbum quedé pegado con ambas composiciones, creo que son las más destacadas, pero en el contexto general y mirando con distancia el trabajo no se enlazan muy bien con los otros temas. En una de esas podrían haber sido editadas como lados B de Backspacer o bien Eddie las podría haber lanzado dentro de su carrera solista, no lo sé… sería una pena en todo caso que se hubiesen perdido, pero creo que no las metieron en el disco correcto.

Pearl Jam – Just Breathe

Para el final, los 2 mejores discos (a mi gusto personal) de 2009.

Alice in Chains – Black Gives Way to Blue

No, no soy habitual de Alice in Chains. De hecho si no fuese por Sap y Jar of Flies creo que podría decir que nunca les escuché un disco o EP completo… hasta la aparición de Black Gives Way to Blue.

Nunca le tuve fe a la reunión de Alice in Chains sin Layne Staley y tenía serias dudas de lo que podría ser un álbum de ellos sin aquel importantísimo integrante. Me resistí a darle una oportunidad a este disco hasta un momento que no puedo traer a la memoria: quizás fue cuando escuché uno de los singles, no lo sé, pero qué agrado dar el brazo a torcer cuando me encuentro con semejante pedazo de álbum.

Black Gives Way to Blue, para mí, une lo mejor de 3 mundos: primero y de manera evidente, Alice in Chains, luego por un lado Deftones y por el otro Tool. Lo de Tool es un acercamiento sonoro que aproxima la complejidad de aquella banda, pero a “escala humana”, mientras que lo de Deftones es la creación de riffs con atmósferas pesadas y oscuras para ponerlas al servicio de la música.

Adentrarse en este disco da paso a conocer una creación compositivamente pulcra, redonda y completa. Aquí sí que no sobra ni falta nada, es una obra en sí misma que creo debe ser apreciada en su conjunto y contexto. Para lamento de algunos ya no estamos en los ’90 ni Layne con nosotros; no vale la pena gastar saliva en lo que era Alice in Chains, porque las cosas ya no son como antes. Hay quienes sencillamente no han querido oír este disco por la ausencia de Staley y es comprensible (yo caí buen tiempo en eso), pero los invito a que intenten escuchar con altura de miras este trabajo: posiblemente no lo encuentren tan bueno como yo (o quizás sí, quién sabe), pero creo que es injusto no darle la oportunidad siquiera de llegar a sus oídos.

En cuanto a letras, no hay una temática bien definida a lo largo del disco, pero el tema que da nombre al álbum es una composición dedicada a Layne en la que Elton John participa tocando el piano. Por otra parte, Check My Brain (que tiene una línea de guitarra que produce buenos mareos) habla de Los Ángeles desde el punto de vista de Jerry Cantrell (guitarrista principal y vocalista) mientras que A Looking in View se refiere a las “burbujas” en las que viven las personas, manteniendo la atención fundamentalmente en lo que ocurre dentro de ellas y no en lo que les rodea. Your Decision por su parte tiene como temática la de sobreponerse al dolor y escoger vivir a pesar de todo.

Para que tengan una visión más acabada del estado actual de la banda les recomiendo leer una muy buena entrevista que realizó la gente de Rockaxis a Mike Inez, el bajista de la agrupación, aquí: Alice in Chains, de vuelta a la luz.

Mastodon – Crack the Skye

Mastodon ya me había sorprendido con uno de los mejores discos que vio la luz la década pasada, Leviathan (2004), y ahora lo vuelve a hacer con Crack the Skye, monstruosidad de disco.

En un álbum que en la historia que cuenta toma elementos de la rusia zarista, los viajes astrales, experiencias extracorporales y la teoría de agujeros de gusano, a priori no es extraño sentir que el asunto no va hacia ninguna parte. Agregando a eso algunas de las declaraciones ofrecidas por Troy Sanders (bajista y uno de los vocalistas) a los medios, uno de verdad dice “¿qué diablos ocurre aquí?”. Por ejemplo:

Crack the Skye es distinto de todo lo que habíamos grabado antes en el sentido que fue como que hubiésemos salido de la Tierra por un tiempo para dirigirnos luego al elemento etéreo del Universo y hacer algo así como dormir en la cima del mundo por un tiempo para dar con la perspectiva de este disco… Básicamente estamos explorando el mundo etéreo. Estamos diseccionando la materia oscura que domina el Universo, en una “cáscara de nuez”.

Algo raro ocurre con estos tipos y eso es entretenido. Esta historia en particular me recuerda las temáticas de los discos de The Mars Volta, donde tablas de ouija, la murte, búsquedas de padres biológicos o experiencias durante un estado de coma sazonan lo que el disco es en sí musicalmente. Ahora en particular, la “real” historia detrás Crack the Skye habla acerca de un niño parapléjico cuya único forma de ir de un lado a otro es mediante viajes astrales. En una ocasión, por su deseo de llegar muy cerca del Sol, derrite el cordón que lo tenía atado a casa y de esta manera queda perdido flotando en el espacio. Esto hasta que es absorbido por un agujero de gusano el cual lo lleva al reino de los espíritus, donde ellos mediante técnicas, digamos, “no científicas” descubren cuál es el problema de esta persona y deciden ayudarlo. Es así como ponen el alma del niño en el cuerpo de Rasputín, quien a la larga resulta ser asesinado por la monarquía rusa. Ambas almas, la de Rasputín y la del niño, escapan por una grieta en el cielo (crack in the sky) para quedar vagando. La misión de ahí en adelante de Rasputín es la de ayudar al niño a volver a su cuerpo antes que sea tarde, pues su familia ya se percató que algo anda mal y creen que él está muerto. El problema es que se encuentran con el Diablo, quien se opone a dicho rescate.

¿Historia demasiado intrincada y fantasiosa? Pues bien, no es más que una especie de alegoría que envuelve a Skye, la hermana de Brann Dailor (baterista), quien cometió suicidio a los 14 años de edad. Dailor, quien en ese tiempo aparentemente tenía una edad similar y sufrió de depresión y abuso de drogas por tal vivencia, explica que Crack the Skye es una metáfora a lo que él podría haber hecho por ella para sacarla de la situación que la llevó a quitarse la vida y que varias de las canciones del disco corresponden a historias que lo envuelven a él salvándola. Así, a modo de tributo y para recordarla siempre, utilizó la plataforma de la que dispone, la música, poniendo el nombre de ella en el título del álbum y de ese modo inmortalizarla. De este modo, la naturaleza “etérea” del disco no es más que la naturaleza del alma de Skye.

Pero bueno, musicalmente el disco es soberbio, lleno de excelentes canciones perfectamente radiales, pero que no ceden frente a esa aparente facilidad de ser escuchadas. Son composiciones de ritmos intrincados, muchas melodías vocales (guitarrista, bajista y baterista pueden cantar sin problemas durante una misma canción cada uno con su particular voz, ninguna de ellas muy pulcra) y de extensiones variables: la inclusión de dos canciones que sobrepasan los 10 minutos de duración en un disco que ronda los 50 da pie a muchas canciones rápidas y efectivas y a otras más complejas y “elaboradas”. Así, hay de todos para todos: aquellos que disfrutan del metal intenso, rápido y a la vena no se decepcionarán, mientras que aquellos que prefieren las composiciones progresivas tampoco. Y el punto es que yo creo que satisface a ambos “bandos” al mismo tiempo. Eso sí, esto dista años luz del progresivo setentero, es un aporte nuevo y tal como ya dije anteriormente, cosas como estas se agradecen.

Y bueno, este ha sido mi pobre resumen de lo que fue la producción discográfica el pasado 2009. Me gustaría haber escuchado muchos más discos para poder haber escrito con mayor propiedad, pero lo que aquí aparece es lo que hay no más. Me faltó por ejemplo dar vueltas por los terrenos borrascosos de Pelican e Isis, los ritmos más elegantes de Jarvis Cocker, averiguar si Julian Casablancas tiene más futuro que la existencia de The Strokes o si Weezer hizo más hits instantáneos, saber en qué anda Dinosaur Jr., envolverme en las sonoridades femeninamente experimentales de St. Vincent, en el estilo de PJ Harvey, en la calma de Bill Callahan y de Taken by Trees, o en las cándidas composiciones de Yael Meyer… Revisar tantos otros grupos o solistas que ahora con suerte ubico de nombre, pero de los cuales existen referencias favorables a su trabajo… Bueno, en todo caso sí escuché (una vez) el nuevo trabajo de Yael, el cual pueden oír gratuitamente en sitios como Last.fm o Bandcamp. Pónganle atención a esta talentosa chilena quienes gusten de los sonidos cálidos y dulces.

PS: como “bonus”, no olviden que el año pasado salió la esperada edición profesional de la grabación que documenta la presentación de Nirvana en Reading 1992 (muy, muy notable, sobre todo el DVD) y que también apareció una versión acústica de Modern Guilt de Beck en forma de videos en su sitio oficial, digna de ser revisada.


2 Responses to “Discos de 2009”


  1. enero 10, 2010 a las 14:55

    Me entusiasmaste con los últimos dos discos. Igual el de Alice in chains estaba esperando otra señal más para escucharlo. Ahí te cuento. Yo parece que no escuché nada del 2009. Sólo algunos discos chilenos donde lo que más destaco en realidad es el disco de Como asesinar a Felipes. Igual siempre voy años atrasados, pero a para eso están las recomendaciones.
    nos vemos.

  2. enero 11, 2010 a las 21:51

    Se me olvidó incluir en el artículo que no es escuché absolutamente ningún disco chileno de 2009. Y Cómo Asesinar a Felipes no logra llamarle la atención: para mí son “piolas”, pero nada por lo que rasgar vestiduras.

    Y bueno, ojalá que alguna otra alma que ande por estos lados se entusiasme con uno de los discos o busque los suyos propios. Hay muuuuuchas listas de “lo mejor” (con comillas, itálica y todo lo que sea necesario para que se note que son opiniones, nada definitivo) de 2009 por ahí.

    Saludos.


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