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La Pequeña Gigante: viernes 29 de enero

Si el paso de La Pequeña Gigante por Santiago no hubiese contemplado un lugar al que debía ir sí o sí este viernes, no habría ido a verla, tal como ocurrió la vez pasada que Royal de Luxe desembarcó en nuestro país… pero sucedió que sí lo hizo y asistí a su encuentro para saber de qué se trata y por qué causa tanto revuelo.

Las cosas ya eran distintas en la mañana, presagio del mar humano que se congregaría en la elipse del Parque O’Higgins, lugar de inicio del espectáculo. Y es que me fue bastante dificultoso tomar la micro para llegar a mi destino (cercano al Parque). La alta presencia de niños en el paradero me hacía presumir que la mayoría iba a ver el espectáculo y supongo que no me equivoqué.

Las estimaciones hablan de 500 mil personas reunidas en la elipse, algo impresionante. Yo solo vi un mar humano, no puedo estimar número. Las graderías alrededor de la calurosa pista estaban repletas y los accesos al Parque a eso de las 10:30 estaban copados, pero fluidos, por ríos y ríos de personas intentando llegar a ver el despertar de la marioneta… aunque luego de verla, debo decir que es notablemente mucho más que solo una marioneta.

Pasa que lo que comenzó como curiosidad y no más que el aprovechamiento de oportunidad (cercanía al lugar donde se desarrollaba el espectáculo) decantó en pasar buena parte de la tarde siguiendo los pasos de la Pequeña hacia el centro de Santiago y casi hasta su destino final en La Moneda, cosa que por lo menos de mi parte no ocurrió.

El espectáculo de teatro callejero que trae a La Pequeña Gigante y a su tío El Señor Escafandra a Chile en nuestro Bicentenario lleva por título “La invitación” y fue estrenado en su forma original a mediados del año pasado en Francia bajo el título “La Géante du Titanic et le Scaphandrier” y luego adaptado a “Das Wiedersehen von Berlin” para ser presentado en Alemania y así celebrar el vigésimo aniversario de la caída del Muro de dicha ciudad (pueden ver impresionantes fotos de aquellas jornadas en The Big Picture). Luego de su paso por Chile, la compañía francesa viajará a Estados Unidos para continuar con sus presentaciones. Si esto no es tener un espectáculo de primer nivel y que sitúe a Santiago entre las grandes urbes, no sé qué lo pueda llegar a ser.

El origen de esta nueva aventura está en íntima relación con nuestro país. Lo que se explica en el sitio de Santiago a Mil en torno a ello es lo siguiente:

El creador de estos muñecos hizo un viaje por Chile, estuvo en el norte y el sur, vio a los mapuches y hubo dos cosas que le quedaron fijas: la figurita de una escafandra de cobre que encontró y los telares mapuches. Por eso, cuando comenzamos a idear la historia para Chile, tenía a la escafandra en mente, pero además quería saber cuáles eran los sueños de los niños mapuches.

(…) Cuando encuentra a su sobrina la abraza, porque no la ha visto en mucho tiempo y duerme con ella para que le cuente cómo son los sueños de los niños mapuches. Ella se queda contándole la historia que ha recogido en este viaje.

Creo que se le debiera dar mayor énfasis a esa historia, un trasfondo mayor al del encuentro familiar entre el tío y su sobrina pues no son nada excluyentes y ambas generan interés por su parte y aportan magia e identificación con el público.

Ahora saliéndome de la historia en sí, lo más destacable para mí de la jornada del día viernes recién pasado fue la reacción del público al espectáculo. Muy participativo y de gran ánimo, creo que quienes asistieron fueron la real alma de la jornada, porque le dan sentido, cuestión central en las exposiciones de diversos artes y actividades culturales. Y bueno, no creo que haga falta decir que los niños eran quienes más disfrutaban, pero por lo general la mayoría nos rendíamos ante la magia del espectáculo.

Y es que todo está hecho con tal precisión y con tal veracidad que lo raro sería pensar que La Pequeña Gigante no tiene vida: uno lo olvida por completo cuando está frente a su paso y bueno, supongo que eso hace la magia y es lo que llama tanto la atención. Lo que la gente asistente al espectáculo aparece diciendo por televisión es verdad y con muy baja probabilidad cliché pues se forma una atmósfera muy grata: algunos pueden emocionarse más que otros, pero al final creo que todos nos volvemos un poco niños por cierto rato evidenciándolo en mayor o menor cantidad dependiendo de la personalidad de cada uno.

Pero el espectáculo no es solo La Pequeña Gigante, para nada. La caravana que la sigue y asiste es un show en sí mismo. Partiendo por el grupo más evidente (pero a veces olvidado), los “liliputienses”, quienes son los que mueven las poleas que dan vida a la niña gigante y están preocupados de sus expresiones faciales entre, imagino, muchas otras cosas. Uniformados de rojo en un traje que debe hacerles sufrir como a un Viejito Pascuero en el centro durante diciembre, exudan profesionalismo, coordinación y habilidad para mantener la calidad de la obra. Son las primeras personas detrás de la magia.

Por otra parte también está la banda en vivo que anima musicalmente los traslados. Si bien la mezcla y amplificación no es del todo pulcra (percepción propia pues no sé qué dirán los demás), es vistoso apreciar a una agrupación sobre cuatro ruedas repartiendo música. Además, no son para nada graves y saben que son parte de una fiesta, una cultural y del pueblo, y no tienen problemas en saludar a la gente e interactuar con ellos si la ocasión lo amerita.

La puesta en escena de la obra también es absolutamente destacable. A los miembros de Royal de Luxe se suma la asistencia de Carabineros y Bomberos, los primeros proveyendo seguridad y orden y los segundos el agua, elemento esencial en el espectáculo: un barco sin agua es como un auto sin ruedas y un hombre en escafandra sin agua la verdad es que no hace mucho sentido. También están las grandes grúas que dan estabilidad al desplazamiento de La Pequeña Gigante y su tío y por cierto el barco, elemento extremadamente atractivo con una belleza que se refleja en sus partes oxidadas, líneas imperfectas y evidencias del paso del tiempo. El barco no es tan solo un medio de transporte, sino también un medio de aprendizaje, de crecimiento, un vehículo que deja ver la existencia del tiempo… básicamente, un reflejo de la vida.

Volviendo al público, las estimaciones al final del día ya señalaban la asistencia de un millón de personas a la primera jornada de desarrollo de la obra. No sé cómo lo habrán contabilizado pues fuimos varios los que nos repetimos el plato de la mañana luego en la tarde y avanzábamos de esquina en esquina intentando interceptar la caravana, pero teniendo en consideración que la ciudad cuenta con aproximadamente 5 millones de habitantes, que muchos de ellos es posible que se encuentren vacacionando fuera de la capital y que para los que no están de vaciones el viernes es un día laboral, la cifra no puede ser menos que impresionante.

¿Y qué fue lo que saqué en limpio? Que es un espectáculo que hay que ver en persona: tapa las bocas de quienes no logramos apreciar el fenómeno de 2007 por descuido, falta de interés o desidia. Yo fui sin expectativas y ya me ven: he escrito un artículo completo de la experiencia, una que no pensé vivir y de la cual siento gusto haber sido parte. Es increíble ver cómo la gente se puede tomar las calles en sana convivencia, arrebatársela a los autos y las micros y ser todos parte de una misma fiesta, una que congrega y no excluye a nadie. La visión de las calles de la Alameda invadidas exclusivamente por personas creo que fue, en mi caso particular, la postal más destacada de una gran jornada. Siento que hay un gusto especial en apoderarse de una ciudad que por muchos momentos aparenta ser tan agreste e impersonal y darle vida con el solo hecho de ser nosotros mismos, congregarnos sanamente y de este modo hacerla más habitable. Eso, sin lugar a dudas, fue lo que más me gustó del espectáculo.

Para cerrar, ojalá se hayan animado a asistir aunque sea a la última jornada, la de día domingo. Para los interesados, el recorrido se  encuentra en el sitio de Santiago a Mil.

Apoyemos la cultura y salgamos a las calles a celebrarla.


5 Responses to “La Pequeña Gigante: viernes 29 de enero”


  1. enero 31, 2010 a las 15:39

    Concuerdo totalmente contigo, este tipo de espectáculos nos permiten tomarnos en verdad la ciudad, y dejar de sufrirla para vivirla. El 2007 tuve muchas ganas de verla pero no pude ya que estaba fuera de Santiago, ahora no quise perder la oportunidad y fui ayer, pero llegué cerca de las 9 y ya estaba sentada en las piernas del tío, la observé un ratito no más ya que no iban a generar más movimientos. Pero lo que más me gustó es ver a las personas caminando tranquilamente por la Alameda, la última vez que vi la Alameda así fue cuando se celebró el arribo de Bachelet a la presidencia.

    Oí el comentario que a esta Compañía le gusta mucho Chile por la reacción que genera el espectáculo en las personas, me imagino que acá se involucran mucho más con la historia en sí, genera mucho entusiasmo, de hecho mucha gente viajó de regiones para pasar el día siguiéndola a ella y a su tío.

    Encuentro tan bonito lo que genera, sin haberla seguido en las calles, igual logro percibir toda la magia que fue transmitiendo al público, es una fantasía tan bonita que es reconfortante ver a tantas personas en la calle, viviendo esto. Le hace tan bien a la ciudad, a nosotros, este tipo de espectáculos.
    Lo único malo es la cantidad de basura que la gente bota en la calle, no cuesta nada andar con una bolsita e ir guardando la basura ahí.
    En fin, me quedé con las ganas de verlos en movimiento :( algún día talvez.

    Saludos, y qué bueno que pudiste presenciar esta obra. ;)

  2. enero 31, 2010 a las 16:30

    También fui ayer y concuerdo con lo de la basura. El viernes al menos yo no vi tanta, ni siquiera en el Parque O’Higgins donde la gente se quedó haciendo picnic bajo los árboles mientras La Pequeña Gigante dormía, pero ver la Plaza de la Constitución la tarde de ayer daba pena… desechos sólidos y, digámoslo así, creo que también “abono” para las plantas por ahí.

    Lo que por otra parte me causó alegría fue justamente ver la Alameda tomada por la gente. Estuve dando vueltas por el lugar hasta por lo menos las 10 de la noche y aun seguía cortado el tráfico, con gente sacándose fotos hasta con los Carabineros. Había pura buena onda. A mí al menos me recordó el Año Nuevo.

    Saludos.

    PS: aun puedes ir a ver el espectáculo. Desde las 18:00 bajan de Portugal con la Alameda en dirección a la Plaza de la Ciudadanía.

  3. febrero 1, 2010 a las 10:39

    Gente sacándose fotos con los Carabineros, qué buena!!

  4. febrero 1, 2010 a las 14:40

    De hecho, el Carabinero que estaba cuidando el sector de las piletas y fuentes en la Plaza de la Ciudadanía se sacó muuuuchas fotos con la gente que pasaba. Ni idea qué generaba en las personas, pero en un momento incluso tuvo que abrir la barrera para poder fotografiarse con los niños.

  5. 5 Guti
    febrero 8, 2010 a las 21:21

    Yo sobretodo rescato lo que dices al final, me encantó ver la ciudad tomada por la gente sin autos ni micros; me recordó algo que creo haber escuchado a Federico Sanchez en City Tour y que le encontré mucha razón: las ciudades cada vez mas están enfocadas a dar espacio a los automóviles (lo cual es razonable considerando los tiempos modernos) cada vez hay mas autopistas y las calles se hacen cada vez mas anchas, dejando menos espacios públicos para los ciudadanos. Gracias a este espectáculo pudimos disfrutar de nuestra ciudad y recorrerla con todo nuestro derecho.

    Por cierto tengo algunas fotos del tío en el segundo día, tal vez pronto las suba al Flikr; lo vi de cerca y es harto mas impresionante que la sobrina.

    Saludos.


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