Archivos para 28 septiembre 2010

28
Sep
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Mirando el cielo desde la Plaza de Armas

Hace unos días atrás tuve la fortuna de estar en la Plaza de Armas de Santiago en una noche despejada. Allí, como desde hace 16 años, un grupo de astrónomos aficionados ofrecía a los transeúntes poder mirar el cielo con sus telescopios.

Conozca a Júpiter” decían los carteles que promocionaban el servicio. De curioso me acerqué y pregunté sin mucha convicción ¿qué tanto se puede ver?

En Santiago la contaminación lumínica, sumada al smog, es una gran barrera para la correcta observación del cielo. Desde el corazón mismo de la ciudad, el mítico “kilómetro cero” original, no esperaba poder ver gran cosa.

Se puede ver Júpiter y algunas de sus lunas“. Gran gancho. Yo no creía siquiera que se pudiera ver bien el planeta y me aseguraban que también se podían distinguir algunas de sus lunas… Pagué los 300 pesos que vale la observación y como niño, aunque un poco incrédulo, me abalancé sobre el ocular del telescopio con la esperanza de ver lo que se me había prometido.

¿Ve ese objeto grande que se parece a la Luna? Es Júpiter. Y los cuatro puntos brillantes son sus lunas: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto“. El hombre que operaba el telescopio repetía las ideas de memoria, como guía turístico o profesor algo cansado, intentando comunicar lo que él creía que era relevante.

Yo la verdad lograba observar sólo 3 puntos brillantes (una de las lunas había quedado fuera de la “escena”), pero no dejó de sorprenderme que efectivamente, con equipo amateur y en condiciones adversas, se pudiera ver un planeta que se encuentra tan lejano. Recordé las fotos que había visto de Júpiter, sus colores, su gran mancha roja (más grande que la propia Tierra), pero no lograba distinguir nada de eso. De hecho, lo que veía, era un planeta de un color más bien plano sólo con una franja cercana al ecuador que tenía otra tonalidad.

El hombre seguía repitiendo su discurso, quizás esperando que le preguntara algo. No imaginé que al empezar a hacerle consultas terminaría por quedarme por lo menos 45 minutos en el lugar, conversando.

Y en ese tiempo me dijo varias cosas. Por ejemplo, que actualmente se ganaba la vida con lo de las observaciones, que no le trabajaba un día a nadie. También que hasta hace unos meses asesoraba a una empresa que vendía telescopios para enseñarle a los clientes a ocuparlos y mantenerlos, pero que luego de un recorte de gastos no lo llamaron más. Así mismo, me dijo que atendía consultas particulares en cuanto a este tipo de instrumentos, recomendaba compras de acuerdo a las necesidades e intereses de los clientes y varias cosas que creo se podrían encerrar en una frase: él es algo así como un “asesor y técnico de telescopios”.

Fue en esta conversación que me contó que llevaba 16 años en la Plaza de Armas (“todos los días, siempre que haya buen tiempo“) mostrándole el universo a la gente con su telescopio y hablando de planetas, estrellas, lunas, constelaciones y todo lo que fuera necesario para transmitir algo que a él le encanta: la astronomía. Me comentó cómo era la plaza en ese tiempo: con hartos árboles y menos iluminación, algo mucho más idóneo para la observación del espacio. De hecho, se lamentaba que hoy ya no se pudieran ver tantas cosas en el cielo como en aquellos años.

Otra de las cosas que me dijo, una que me sorprendió particularmente, fue una de sus motivaciones para ir a la plaza y enseñar astronomía: él confía en que observar el cielo nos puede hacer mejores personas. Darnos cuenta de qué lugar ocupamos en el Universo nos daría otra perspectiva y nos haría más conscientes de nuestra vida y la de los demás.

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