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Mirando el cielo desde la Plaza de Armas

Hace unos días atrás tuve la fortuna de estar en la Plaza de Armas de Santiago en una noche despejada. Allí, como desde hace 16 años, un grupo de astrónomos aficionados ofrecía a los transeúntes poder mirar el cielo con sus telescopios.

Conozca a Júpiter” decían los carteles que promocionaban el servicio. De curioso me acerqué y pregunté sin mucha convicción ¿qué tanto se puede ver?

En Santiago la contaminación lumínica, sumada al smog, es una gran barrera para la correcta observación del cielo. Desde el corazón mismo de la ciudad, el mítico “kilómetro cero” original, no esperaba poder ver gran cosa.

Se puede ver Júpiter y algunas de sus lunas“. Gran gancho. Yo no creía siquiera que se pudiera ver bien el planeta y me aseguraban que también se podían distinguir algunas de sus lunas… Pagué los 300 pesos que vale la observación y como niño, aunque un poco incrédulo, me abalancé sobre el ocular del telescopio con la esperanza de ver lo que se me había prometido.

¿Ve ese objeto grande que se parece a la Luna? Es Júpiter. Y los cuatro puntos brillantes son sus lunas: Ío, Europa, Ganímedes y Calisto“. El hombre que operaba el telescopio repetía las ideas de memoria, como guía turístico o profesor algo cansado, intentando comunicar lo que él creía que era relevante.

Yo la verdad lograba observar sólo 3 puntos brillantes (una de las lunas había quedado fuera de la “escena”), pero no dejó de sorprenderme que efectivamente, con equipo amateur y en condiciones adversas, se pudiera ver un planeta que se encuentra tan lejano. Recordé las fotos que había visto de Júpiter, sus colores, su gran mancha roja (más grande que la propia Tierra), pero no lograba distinguir nada de eso. De hecho, lo que veía, era un planeta de un color más bien plano sólo con una franja cercana al ecuador que tenía otra tonalidad.

El hombre seguía repitiendo su discurso, quizás esperando que le preguntara algo. No imaginé que al empezar a hacerle consultas terminaría por quedarme por lo menos 45 minutos en el lugar, conversando.

Y en ese tiempo me dijo varias cosas. Por ejemplo, que actualmente se ganaba la vida con lo de las observaciones, que no le trabajaba un día a nadie. También que hasta hace unos meses asesoraba a una empresa que vendía telescopios para enseñarle a los clientes a ocuparlos y mantenerlos, pero que luego de un recorte de gastos no lo llamaron más. Así mismo, me dijo que atendía consultas particulares en cuanto a este tipo de instrumentos, recomendaba compras de acuerdo a las necesidades e intereses de los clientes y varias cosas que creo se podrían encerrar en una frase: él es algo así como un “asesor y técnico de telescopios”.

Fue en esta conversación que me contó que llevaba 16 años en la Plaza de Armas (“todos los días, siempre que haya buen tiempo“) mostrándole el universo a la gente con su telescopio y hablando de planetas, estrellas, lunas, constelaciones y todo lo que fuera necesario para transmitir algo que a él le encanta: la astronomía. Me comentó cómo era la plaza en ese tiempo: con hartos árboles y menos iluminación, algo mucho más idóneo para la observación del espacio. De hecho, se lamentaba que hoy ya no se pudieran ver tantas cosas en el cielo como en aquellos años.

Otra de las cosas que me dijo, una que me sorprendió particularmente, fue una de sus motivaciones para ir a la plaza y enseñar astronomía: él confía en que observar el cielo nos puede hacer mejores personas. Darnos cuenta de qué lugar ocupamos en el Universo nos daría otra perspectiva y nos haría más conscientes de nuestra vida y la de los demás.

Pero bueno, también me contó anécdotas. Por ejemplo, mientras le consultaba por su telescopio y por qué utilizaba uno manual, me dijo que en torno a 1997 en Cerro Calán era habitual que se abrieran las puertas del observatorio al público en general para que hicieran observaciones. Los telescopios que hay allá son automatizados y con seguimiento, de modo que al enfocar un objeto, este se mantiene “estático” para el observador. Y bueno, en una ocasión alguien habría pensado que todo era un engaño y que a los visitantes sólo se les mostraban fotos. Se supone que esta persona escribió una carta a El Mercurio reclamando, lo que llevó a que se suspendieran las visitas al observatorio. ¿Verídico? Ni idea. Pero me dijo que ocupaba el telescopio manual para que la gente se diera cuenta cómo se desplazaban los planetas por el cielo. Y, obviamente, también porque es inmensamente más barato que uno automático.

Sumado a lo anterior, me contó que luego del terremoto de este año siguió yendo a la plaza con su telescopio. Los cortes de luz hicieron que el cielo estuviera particularmente oscuro, por lo que esos días fue posible ver objetos muy tenues y en gran número, aumentando la belleza de las observaciones. De hecho, yo doy fe que las noches más estrelladas que he visto en Santiago fueron las posteriores al terremoto.

Y así, fue bastante lo que hablamos. Pero ya cerca de las 22:00 de esa noche él había decidido terminar su jornada. Así que, antes de que se marchara y luego de enterarme que había estado en terrenos cercanos a los que albergan los grandes observatorios de nuestro país, le hice una última pregunta (y que es una de las grandes dudas que tengo y que nunca despejaré realmente hasta poder ver con mis propios ojos): “¿qué tan reales son las fotos que uno ve del cielo del norte de Chile? En particular, ¿de verdad se puede ver la Vía Láctea?“. Miró el cielo, me sonrío y me dijo: “se ve espectacular“.

Grupo de astrónomos aficionados
Plaza de Armas, esquina de Ahumada
Observaciones del cielo a $300
“Siempre que haya buen tiempo”
¿Horario? No sé… pruebe suerte como yo


3 Responses to “Mirando el cielo desde la Plaza de Armas”


  1. septiembre 29, 2010 a las 23:43

    :)

    Me gustó volver a leerte.

    Yo hace un par de años estuve en el Mamalluca fue una muy buena experiencia…

    Me gusta la reflexión que hace él sobre lo que puede provocar ver el cielo y la inmensidad del Universo, ahí dejó en claro lo mucho que valora su trabajo, es genial trabajar en algo que uno le atribuye asuntos tan importantes :)

    Me gustó mucho el texto, me gusta también esas cosas que se dan de manera espontánea y que le dan brillo a nuestro transcurrir por la vida por las calles…

    Yap tengo tuto,
    Un abrazo =)

  2. octubre 1, 2010 a las 1:32

    Menos mal que te gustó el texto… a estas alturas ya eres la única persona que espera que escriba por estos lados (y me lo hace saber).

    Muchos saludos. Gracias por leer y comentar.

  3. octubre 11, 2010 a las 19:33

    hola
    si lei el texto (aunke lo sigte haga parecer que no)

    bueno
    con respecto a un post anterior sobre las canciones que se debene skuchar violentamente y a volumen maximo (o algo asi)

    creo que debo agregar este tema

    Doe Deer
    Baptism

    ambos temas son de la segunda entrega de crystal castles.
    quizas este comentario sea mi sepultura para ustedes (kathy y wolverenstein) debido a que este grupo lo han criticado mucho tildandolos de meros fakin teenagers
    la verdad eske kizas si lo sean, pero puta que suenan la zorra

    bueno y aprovecho
    de comentar que tokaremos este viernes 15 de octubre al lado de la usach me parece en un bar llamado la trinchera, donde tokara TELEVIDENTES una banda como noise/punk(quienes nos invitaron a tokar cn ellos)

    la banda misma (mi grupo) no es punk pero kisiera serlo, bueno a lo ke voy
    eske kizas kieran ir a ver como nos destrozan a insultos mientras nosotros tokamos nuestros metalofonos

    bueno
    y escuchen a varios artistas esta bueno =
    y lo nuevo de gepe esta la zorra
    bueno
    ke les vaya bien y ojala siga este contacto tan etereo
    y tan difuso
    entre todos
    los
    internerds
    cuidense.


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