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Feb
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Una historia gatuna

Lo que les voy a relatar es bastante inverosímil, lo sé, pero responde sólo a hechos reales, supongo que ordenados convenientemente. La historia me llegó casi de primera mano, así que voy a intentar reproducirla lo más fielmente posible, pero ya saben, en el boca a boca se pierden detalles y se inventan otros… no es mala fe, es la memoria traicionera no más. Aquí va.

Por wolverenstein

Érase una vez1 una persona —a quien llamaremos Ana— que caminaba tranquilamente por una de las calles de una población de Santiago. Si bien era un día como cualquier otro, algo llamó su atención: el fuerte e incesante llanto de un gatito.

El llanto provenía de un auto que estaba estacionado en la calle, pero era difícil adivinar el lugar exacto donde se encontraba el felino. Este no se veía ni dentro del auto ni debajo de él, por lo que Ana pensó que el gato se podría encontrar en el motor. Ello era peligroso para el animalito en caso que la dueña del vehículo, a quien conocía, no fuese advertida, así que hizo el intento de contactarla.

Una vez al tanto del asunto, la dueña del auto se mostró algo incrédula. El gatito se oía llorar, aparentemente desde algún lugar del vehículo, pero no lograban encontrarlo por ninguna parte. Así fue que luego de varios intentos sin éxito decidieron pedir ayuda, la cual solicitaron a uno de los bomberos de la compañía que se ubica en las cercanías del lugar donde ellas se encontraban.

Después de buscar de forma exhaustiva bajo el vehículo, el bombero logró dar con el paradero del gatito. Éste se encontraba atrapado en una de las ruedas del auto, sin poder escapar de forma alguna, cuestión que sin más da origen a la siguiente pregunta: ¿cómo fue que llegó ahí?

La dueña del vehículo hizo memoria y recordó que ese mismo día, mientras conducía por una autopista, había visto cómo un gatito caía por la ventana de uno de los autos que se encontraban delante del suyo. Dicho auto posteriormente se habría detenido, supuso que para buscar al animalito, pero por razones obvias no llegó a saber más del asunto.

En el instante que vio al gato caer a la autopista, la mujer creyó no haberlo atropellado, pero al enterarse que ahora se encontraba enredado en una de las ruedas de su auto, no pudo evitar pensar en los peores escenarios. Lo mismo Ana.

«Toqué al gatito con la mano y no quedé manchado con sangre»2 dijo el bombero cuando le contaron en qué circunstancias habría quedado atrapado el animal. Aquello era un buen signo, pero insuficiente para determinar su estado de salud general.

Mientras el bombero intentaba sacar al gatito de la rueda del auto, la mujer le contaba a Ana que luego del incidente había seguido viajando sin ningún contratiempo y que para ella era inexplicable que el felino se encontrase aún con vida. Más aún, le parecía ciertamente increíble que no hubiese sufrido ninguna herida de gravedad… al menos eso esperaban.

Luego de varios esfuerzos, el bombero logró poner al gatito en libertad. Y para sorpresa y deleite de los presentes, el animalito no presentaba ninguna herida de consideración. De hecho, salvo por una actitud comprensiblemente temerosa, podría decirse que el gatito, que en realidad resultó ser gatita, se encontraba bastante bien. En base a su aspecto se hacía difícil adivinar todo lo que había vivido en aquel auto.

«¿Qué vas a hacer con la gatita?», le preguntaron a la mujer. «Se la voy a regalar a una persona a la que le gustan» contestó. Y agregó: «lamentablemente no puedo tenerla en casa».

Una vez que todo hubo terminado, el bombero, con el sabor de la labor cumplida, se encaminó hacia el cuartel de su compañía. Por su parte, Ana volvió a su hogar preguntándose qué pasaría finalmente con la gatita, a qué casa llegaría, con quién…

Días después Ana se volvería a encontrar con la mujer del auto. La saluda y, cómo no, le pregunta por el animalito. «Al final me lo quedé, no lo pude regalar. Por todo lo que pasó me fue imposible regalarlo, así que ahora vive conmigo. La gatita resultó ser súper amorosa, estoy feliz con ella». «¿Qué nombre le pusiste?». «Andreíta». Y ese es el nombre que, entre risas y juegos, escucha Ana cada vez que pasa por la casa de la mujer.

~

El deseo nos hace querer creer que aquel gatito que cayó a la autopista es el mismo que encontraron atrapado en la rueda del auto, por más improbable que esto sea. Cosas como el color y tamaño del felino sugieren que son los mismos, pero nunca se podrá saber a ciencia cierta qué fue lo que ocurrió realmente. De mi parte propongo creer que aquellos animalitos son en realidad uno solo, pensar inocentemente en la veracidad de una historia que resultó con final feliz.

Este post va con una “dedicatoria”: para Katherine, quien es la única persona que de vez en cuando me pregunta cuándo volveré a escribir. Encontré algo que contar, así que aquí está. A pesar que soy malo relatando historias, espero ella haya sido de su agrado.


2 Responses to “Una historia gatuna”


  1. febrero 16, 2011 a las 10:06

    Buenísimo. Me acordé del principio de Magnolia y esas historias increíbles que ocurren a cada rato y que a la larga se transforman en milagros, supongo que la Biblia está lleno de esas cosas.

  2. marzo 7, 2011 a las 12:31

    Por fin pude leerla =)

    En ciertos momentos necesitamos creer en este tipo de cosas, yo a ratos tengo que hacer un esfuerzo para creer puesto que soy un poco negativa, pero ahora mismo me surge cuestionarme si eso (el negativismo) me ha traído alguna cosa buena…

    Me gustó mucho la historia, muchas gracias por la dedicatoria =). Estaré más atenta por si publicas algo nuevo.

    Un abrazo =)


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